Quiero compartir en este espacio pensamientos y cotidianidades desde una mirada cristiana ---
otramirada.xavier@gmail.com

 

¡No dejes de gritar a Dios!

(Cf. Mt 27,46ss)

El grito que pega Jesús en la cruz es un grito que reclama la presencia de Dios, es un grito en donde prevalecen el abandono y el amor por sobre la angustia (visiblemente presente en este Hijo que cuelga moribundo del madero).

En cada una de las circunstancias de nuestra vida en donde no veamos la presencia de Dios debemos gritar a Él del mismo modo que Jesús, para poner nuestro espíritu en sus manos. Gritar al Padre significa aceptar nuestra condición de fragilidad no para hundirnos en ella sino para transformarla en amor y en vida.

Dios no está nunca ausente, aunque a veces en silencio. Desde el momento que dejamos de ver, experimentar o vivir esta presencia es en donde nos acercamos al borde del abismo y las heridas y fragilidades surgen como trampolines hacia la oscuridad. Pero esto puede ser revertido, las heridas y fragilidades en vez de ser un trampolín hacia el abismo pueden ser un trampolín al amor, en el momento que gritamos a Dios reclamando su presencia.

Por eso frente al dolor, a la angustia, frente al miedo ¡no dejes nunca de gritar a Dios!

Coro de monjes del monasterios de Santo Domingo de Silos

(Fuente: youtube.com)